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La San Silvestre Vallecana: estuvimos ahí.

Todos los años el día 31 de Diciembre se celebra en Madrid una carrera popular en la que se dan cita tanto corredores profesionales como “amateurs” e incluso corredores disfrazados de todo tipo de seres que hacen que esta carrera sea también una gran fiesta en la que se puede decir que cambiamos los cubatas por el esfuerzo, la superación y también la diversión, la alegría y la unidad de la gente con un mismo propósito, correr los 10 kilómetros.

A simple vista puede parecer algo absurdo para aquel que no entienda lo que se siente al hacer ejercicio y aún más cuando se comparte el sufrimiento con los demás. Tanta gente unida con un mismo fin, con un objetivo común. Da igual que unos corran para hacer un tiempo determinado o que otros corran por sentir el ambiente, al final estamos corriendo todos juntos en un mismo sentido y esto, desde mi punto de vista, es algo muy agradable y emocionante.

La San Silvestre fue ideada por Antonio Sabugueiro y  se corrió por primera vez en el año 1964. En un principio sólo la disputaban corredores profesionales pero hoy en día son miles de personas las que se apuntan a participar en este gran evento. Este pasado 2013 cerca de 40.000 personas se dieron cita en Madrid para recorrer juntas los emblemáticos 10 kilómetros.

Este tipo de eventos promueven en primer lugar el deporte y la actividad física de una manera amena y divertida, ya que correr junto a tanta gente, escuchando música, viendo espectáculos y demás, puede hacer que sea algo distinto y muy bueno. Es un evento que si no fuera una carrera sería una fiesta, pero el hecho de tener que correr y que la gente se una con un mismo propósito hacen que sea una gran fiesta en la que el objetivo es disfrutar del sufrir para superarse, es un ejemplo de lograr pasar un rato de emoción y de disfrute de un momento agradable sin necesidad de beber alcohol, etc.

Este pasado 2013 he tenido la oportunidad de correr esta carrera junto a un amigo que me instó a inscribirme. En un principio pensé no ir ya que creí que no sería nada del otro mundo y más cuando oí la cantidad de gente que se había inscrito a participar. Cuando me quise dar cuenta ya estaba en el cajón de salida con mis cascos de música, mi dorsal y todo lo necesario para empezar.

Pistoletazo de salida.

 

Empecé a correr como pude entre la gente que iba sonriendo, gritando, cantando y algunos incluso bailando disfrazados de todo tipo de animales y personajes de cine o literatura. Embriagado por la emoción que la gente me transmitía, la música de mi mp3 y mi compañero que es un gran corredor, comencé a subir el ritmo saltando la barandilla que separaba la acera de la calle y corrí como si las miles de personas que tenía detrás me estuvieran persiguiendo.

Esto amigos, en una carrera de fondo es un error, ya que si no estás acostumbrado a realizarlas agotas tu energía y no eres capaz de mantener el ritmo durante toda la carrera. Noté estos efectos cuando mi compañero empezó a adelantarme pero a base de fuerza de voluntad seguí corriendo, ahora persiguiendo yo a los demás.

Hacia el kilómetro siete la música de mi mp3 se apagó misteriosamente y me quede en silencio. En un principio pensé que la motivación se me había ido, pero entonces miré a mi alrededor y escuché lo que con la música no oía. La gente que estaba en la calle animándonos a pesar del frío, los niños que nos querían chocar las manos como si de profesionales se tratara y los conciertos que sonaban a cada kilómetro que avanzábamos.

Al entrar en Vallecas ya se iba notando que empezaba la cuesta arriba y la carrera comenzaba a costar al ritmo que llevaba, pero entonces comencé a escuchar “maneras de vivir” de Rosendo y todo el mundo, corredores y espectadores, la cantaban al unísono aunque eso aparentemente tendría que haber roto su respiración, pero nadie paró por ello, así que me uní en la canción al resto de personas que como yo encontraron una inyección de adrenalina que fue un empujón más hasta que llegamos al último tramo en el que perdí de vista a mi compañero.

Al perderle de vista y saber que estaba en el último kilómetro hice un esfuerzo final para aumentar la velocidad al tope que pudieran darme las piernas y así, sin darme demasiada cuenta, terminé la San Silvestre Vallecana con una enorme sonrisa en la cara.

En conclusión es una carrera que puede hacer que terminemos el año con la sensación de haber cumplido un objetivo que es bastante simple, correr. Así dicho puede parecer absurdo dada su simpleza, pero no lo es ni mucho menos ya que lo que se siente, antes de la carrera, durante y después es algo que puede hacer que nos cambie el humor para toda la noche del último día del año.  

Antes de empezar a correr se siente la emoción, los nervios de antes de enfrentarse a algún reto, una emoción que es muy estimulante. Luego empiezas la carrera y las sensaciones fluctúan. Esa emoción inicial se mantiene los primeros kilómetros y poco a poco se torna en un sufrimiento agradable producido por el cansancio y se da una lucha interior por aguantar pese al esfuerzo. Una vez llegas a la meta la emoción regresa pero multiplicada por diez.

Este 31 de Diciembre ha sido uno de los mejores finales de año que he vivido gracias a esta carrera. Si tienen oportunidad de correrla el año que viene no dejen de hacerlo y si pueden hacerlo en compañía de gente cercana como fue mi caso, mejor, porque el sufrimiento une y compartir buenas emociones con la gente que quieres siempre es una gran forma de terminar el año.

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  1. Alfonso Rodriguez Responder

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