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Riesgo voluntario para la salud: el sedentarismo

El sedentarismo se ha convertido en una de las amenazas emergentes más importantes para la salud en los países desarrollados. La OMS atribuye casi 2 millones de muertes anuales a causa de la falta de actividad. Se estima que el 17% de la población mundial es inactiva físicamente.

¿Cómo de sedentarios somos los españoles?

En un estudio realizado en la ciudad de Madrid (ESCM05) se observó que el 35% de los adultos y el 33% de los niños no realizan ningún tipo de actividad física en su tiempo libre.

La falta de actividad física (junto con las dietas poco saludables) es un factor importante de riesgo de hipertensión, hiperglucemia, hiperlipidemia, sobrepeso u obesidad y de las principales enfermedades crónicas, como las cardiovasculares, el cáncer o la diabetes.

La actividad física no debe confundirse con el ejercicio. El ejercicio se incluye dentro de ésta, pero también el trabajo, las tareas del hogar y el ocio.

Aumentar el nivel de actividad física es una necesidad social, no individual. Debería hacerse especial hincapié en la comunidad educativa ya que es el principal agente de cambio cultural a largo plazo. El uso de los medios de comunicación como las redes sociales es fundamental.

¿Cómo luchar contra el sedentarismo? La promoción de la actividad física.

Esta promoción debe darse desde un punto de vista de salud. Hacer que la población capte la idea de que la actividad moderada, por ejemplo 30 minutos al día 3 días por semana, constituye una herramienta preventiva tan importante como una vacuna, para prevenir las enfermedades antes mencionadas incluyendo las respiratorias y que también promueven la salud en el sentido del bienestar, al tener un efecto psicológico positivo.

No hagamos caso de mitos como que para hacer ejercicio hay que hacer inversiones costosas en gimnasios a los que luego quizá no podamos o no queramos ir. El ejercicio se puede realizar en cualquier parte con una instrucción adecuada. El material que necesitaremos es el suelo, nuestro cuerpo y fuerza de voluntad, nada más.

No debemos dejar que nos influya la creencia popular de que el verdadero deporte es el que se basa en la competición, la élite. La actividad física como promotora de la salud consiste en un trabajo moderado de  ejercicio aeróbico y de resistencia muscular que requiere de una frecuencia habitual y de una constancia en el tiempo, es decir,que sea para toda la vida.

¿Por qué deberías levantarte del sofá?

 La única competición que debemos ganar es en la que luchamos contra nosotros mismos, contra nuestra pereza, contra el desánimo de no conseguir resultados en el tiempo estimado, contra la falta de motivación, etc. Ante la pereza, diligencia. Frente a la frustración del tiempo, paciencia. Cuando no exista la motivación debemos darle una vuelta de tuerca a la cabeza y crearnos la necesidad. Las dos primeras las conseguiremos fruto de un ejercicio de pura voluntad mientras que la tercera será una cuestión de lógica, ya que si pensamos en las consecuencias negativas de la falta de actividad, como enfermedades, depresión, etc. Podremos fácilmente crear la necesidad de “vacunarnos” de forma natural.

Habitualmente somos nuestro peor enemigo, así que es una competición de fondo que puede durar más o menos, dependiendo de cada individuo, pero que una vez cogido el ritmo, no habrá nada que pueda detenernos porque se habrá convertido en una forma de vida.

El comenzar a realizar actividad para alguien que no lo haya hecho nunca, evidentemente será una ardua tarea, pero es la constancia y la perseverancia la que hará que al final cambie de una forma radical la forma de vida. No sólo veremos un cambio en el espejo, el bienestar psicológico debido al mejor aporte de oxígeno será evidente y ello ayudará al estado anímico ya que vernos bien hace que nos sintamos bien.

Este cambio no sólo afectará nuestro estado físico, anímico y psicológico propio sino que propiciará que la relación con las personas más cercanas mejore, ya que un persona alegre atrae, mientras que una persona sumida en el malestar de la falta de ejercicio, la quietud y los problemas que ello conlleva, aleja a la gente de su lado.

Si nos sentimos bien, a gusto con nosotros mismos, nos sentiremos realizados. El mejorar el rendimiento físico hará que nos sintamos llenos de energía y esto conllevará a una sensación de realización personal y de satisfacción que se notará por dentro y por fuera.

Quiero evitar el sedentarismo, ¿Cómo lo hago?

Existen posibilidades de ejercicio para todos los públicos, sin que entrañen ningún riesgo, como caminar, nadar, montar en bicicleta, la carrera suave o las artes marciales (enfocadas a cada individuo y sus necesidades).

Lo más cómodo normalmente es caminar. Con media hora al día para empezar sería suficiente, hasta encontrarnos con fuerzas y ganas suficientes como para aumentar el tiempo, la distancia o el ritmo. Es recomendable hacerse un reconocimiento médico para saber exactamente en qué punto estamos para acceder a un tipo de ejercicio u otro.

El cuerpo se encuentra en un estado de equilibrio u homeostasis. Ese equilibrio debemos imaginarlo como una línea de tolerancia al esfuerzo. Si nos quedamos sentados en el sofá esa línea permanecerá a una altura muy baja, pero al someter ese equilibrio a un estímulo, en este caso, el ejercicio, producimos un desorden en la línea. Ese desorden producirá cansancio, etc. Pero realizando una alimentación correcta y con un descanso adecuado, podremos producir un fenómeno del entrenamiento que se denomina supercompensación, que sería para explicarlo coloquialmente como elevar nuestra línea de equilibrio a un nivel superior.

En conclusión, el sedentarismo es un mal que se puede erradicar sólo desde dentro. No valen los atajos ni el engañarse a uno mismo pensando que “ya mañana” empezaré a hacer ejercicio. Hoy ya es un día menos de nuestra vida, no dejemos que nos gane la partida la quietud. Esta es la forma más fácil y económica de darle calidad a nuestra vida, no depende de nadie, únicamente hay que enfrentarse a uno mismo durante un tiempo hasta encontrar el punto en el que nos sintamos tan bien que no podamos parar.

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