Niños y rugby

Niños y actividad física

Hace años los niños se pasaban horas en la calle jugando con otros niños. Su actividad física era más intensa y duradera, ya que el tiempo dedicado al juego era primordial.

Hoy en día es menos habitual ver niños jugando por la calle. Es cierto que el flujo de tráfico es muy diferente y es peligroso, pero también existe una tónica general de cierto sedentarismo infantil en parte promovido por la televisión, los videojuegos y demás actividades pasivas que se dan actualmente.

Si a esta generalidad, incluimos la mala alimentación que llevan la mayoría de los niños ya tenemos la mezcla para tener niños con una mayor tendencia a la obesidad, propensos a las enfermedades e incluso a padecer depresión como indica el artículo publicado en el diario ABC de MJ Pérez Barco, en el que compara a los niños españoles con los niños del resto de Europa y destaca que los españoles son menos felices que el resto.

Tipos de actividad física para niños

El organismo de los más pequeños no está desarrollado aún por lo que debemos jugar con las cargas de entrenamiento con más cuidado que con las nuestras. No sólo habrá que tener en cuenta esto a la hora de darles trabajo físico, sino también a la hora de someterles a una carga psicológica determinada.

Normalmente cuando hablamos de entrenamiento físico para niños damos a entender que vamos a someterles a trabajos forzados y altamente exigentes. Pues bien, nada más lejos de la realidad. Con todo individuo se deben respetar la edad y la individualidad, así que con los niños, simplemente, debemos seguir estos parámetros.

Como objetivo de educación física y para mejorar la calidad de vida, debemos orientarle la actividad física hacia el desarrollo de la capacidad aeróbica que será la responsable de darle al niño las bases de un entrenamiento preventivo y sano.

Es importante  que el énfasis se haga sobre el volumen y no sobre la intensidad, es decir que prolonguemos la actividad en el tiempo pero no sometamos a una carga de trabajo demasiado exigente. En estas etapas el trabajo debe realizarse dos veces por semana, mínimo, si queremos encontrar resultados, aunque lo ideal sería trabajar de 3 a 4 días.

El efecto que buscamos con este tipo de trabajo es la economización del aparato cardiovascular a través de la disminución de la frecuencia cardíaca en reposo.

El tener cuidado con la intensidad nos permitirá mantenernos en un rango de trabajo aeróbico sin irrumpir en el anaeróbico que aún está comprometido por las limitaciones metabólicas de la edad.

El trabajo anaeróbico no debemos realizarlo para no perjudicar el organismo del niño. El grado de acidosis donde un músculo puede contraerse, es mucho menor en niños. Lo cual significa que éstos no pueden alcanzar niveles tan elevados de ácido láctico como los adultos. Si aumenta demasiado la concentración de ácido láctico a nivel muscular, actúa como un modulador negativo sobre las enzimas de la glucólisis anaeróbica, inhibiéndose e interrumpiendo así el generador de energía.

Los niños pueden ser entrenados en todo aquello que nosotros queramos, salvo en contadas situaciones, pues el organismo infantil no opone resistencia. El freno a los excesos en su entrenamiento debe ser el preguntarse, ¿qué busco?, ¿para qué? Si encontramos una respuesta lógica, entonces vendrá el ¿cómo lo hago? De esta forma y acompañando cada decisión con criterio, es mínimo el riesgo de cometer excesos.

Educación a través del ejercicio

Por norma general los niños son muy activos, ya que energéticamente están a un nivel que difiere del que tienen los adultos de su entorno, lo cual puede generar ciertos hábitos conductuales negativos que afectan a los mayores, pero principalmente negativos para el desarrollo de los propios niños.

A través del ejercicio se les puede reconducir la conducta a base de esfuerzo físico que reduzca su nivel energético y pueda así centrarse en tareas como las del colegio o la propia atención.

Realizando un pre-deporte se va a encontrar con más individuos de sus mismas características con los que relacionarse. En éste ámbito juega un papel muy importante el entrenador que tengan ya que es el responsable de transmitir valores como la puntualidad, la disciplina, el orden, la organización y la continuidad entre otros, dándoles a entender que cuando no cumplen con alguno de ellos, lo primero que hacen es faltar al respeto a sus compañeros, luego al entrenador y por último a ellos mismos, aunque este último concepto será más difícil de enseñar. Estos valores se deben tratar desde las edades más tempranas para forjar en ellos hábitos saludables que son, a fin de cuentas, herramientas para su vida actual y su vida adulta.

Aparte de los valores que podemos transmitir a los niños, lo más importante es el ejemplo que podamos darles nosotros como educadores y sobre todo los padres. Estos últimos pasan la mayoría del tiempo con los hijos y es su ejemplo el que más se va a grabar en la personalidad de su hijo.

Tener un criterio único, ser firme en la toma de decisiones, mantener una jerarquía en la casa, son ejemplos de orden que van a contribuir al desarrollo correcto y sobre todo equilibrado de nuestros hijos.

Los niños necesitan una guía, una disciplina que marque límites, pautas y normas que les hagan sentir seguridad y no una libertad excesiva que haga que pierdan el interés por las cosas.

Estudios actuales tienden a que el desarrollo de la personalidad está determinado por la genética, pero yo soy de la opinión de que las circunstancias marcan a la persona y forjan el carácter, así que hagamos que los hijos se desarrollen en circunstancias favorables y enriquecedoras en las que el deporte puede contribuir enormemente.

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