ejercicio e ira

Líbrate de la Ira

Según la Real Academia Española de la Lengua entendemos por IRA una “pasión del alma, que causa indignación y enojo, un apetito o deseo de venganza o una repetición de actos de saña, encono o venganza”. En resumidas cuentas, la Ira es un estado de alteración que normalmente hace que cometamos algún acto de violencia física o psicológica contra otro, contra nosotros mismos o ambas. En algunos casos se la ve como una forma evolutiva de enfrentarse a ciertas amenazas.

Existen 3 tipos:

  • La primera es la que surge de forma repentina y precipitada. Ésta se manifiesta cuando nos sentimos atrapados o atormentados por algo externo a nosotros o simplemente por el exceso de estímulos que estamos recibiendo en un momento determinado asociados a la mala gestión emocional de los mismos.

  • La segunda será la llamada ira estable o intencionada y surge como respuesta a la percepción de daño o trato injusto por parte de otro hacia nuestra persona.

  • El tercer tipo es aquella que se produce de forma recurrente y se relaciona con los rasgos de carácter de cada uno como una educación inapropiada que será determinante en el desarrollo de un carácter más o menos irascible.

Dicho esto queda demostrado que existen distintos tipos de manifestaciones de la misma, sin embargo todos y cada uno de ellos pueden agravarse o por el contrario reducirse en función de nuestra capacidad mental para ello. La percepción que cada uno tenga de la realidad y del momento actual hará que suframos un ataque de ira allí donde otro podría permanecer perfectamente tranquilo.

En el mundo del deporte es habitual ver como los padres pierden los papeles viendo jugar a sus hijos y arremeten contra árbitros, otros padres y en el peor de los casos contra sus propios hijos, o cómo en desgraciadas ocasiones los propios deportistas son presas de sus emociones y caen en la violencia verbal o física. Estas manifestaciones no son más que respuestas desproporcionadas ante la supuesta frustración, la amenaza o la pérdida y se deben acotar por parte de entrenadores y formadores, ya que de no ser así podrán desatarse estallidos de violencia.

En la vida cotidiana existen multitud de situaciones que predisponen a la gente a tener conflictos entre sí. Tengamos como ejemplo principal el tráfico en la carretera. Este es otro mundo, en el que la persona más encantadora en persona se transforma en una especie de animal lleno de rabia al volante cuando el de delante no le deja pasar, no pone el intermitente o simplemente le adelanta…

Personalmente yo fui una persona muy irascible y todo por una cuestión de inseguridad. Como ya escribí en anteriores artículos, tuve ciertos problemas en la juventud y a raíz de ahí creció en mí un sentimiento de inseguridad que me hacía responder con violencia en situaciones en las que no era necesario para de esta manera demostrarme a mí mismo que no era ningún cobarde. Gracias al ejercicio y a la práctica de artes marciales conseguí recalibrar mi gestión emocional y estabilizar mi carácter gracias al autocontrol y la templanza.

En la práctica de artes marciales como ya dije en el artículo combate, ¿medio o fin?, se produce una paradoja en la que uno practica el combate y se hermana a la vez con su compañero ya que gracias a él puede potenciar su habilidad y de la misma manera ayudarle a él en su misión por mejorar.

Además del combate, las artes marciales brindan una oportunidad para conocernos mejor a nosotros mismos a base de esfuerzo y superación que puede llevarnos a darnos cuenta de por qué sufrimos a veces de inseguridad o agobio por cosas que realmente no son tan importantes y que pueden hacernos perder la calma.

Al practicar ejercicio en general nos adentramos en un camino en el que hay que enfrentarse a la frustración, la pérdida o la amenaza a las que hacíamos referencia antes. O alguien que realiza actividad física o deporte no se ha enfrentado alguna vez a la frustración de no conseguir resultados en el tiempo que esperaba, o la pérdida de no haber hecho lo que tenía que hacer o la amenaza de no ser capaz de conseguir un objetivo.

Todo ello puede desembocar en dos vertientes, una de ellas es la de la irascibilidad, la falta de confianza en uno mismo o la dejadez, mientras que el otro camino será aquel en el que con perseverancia conseguiremos resultados, trabajando la templanza y la paciencia podremos conseguir nuestros objetivos sin una fecha límite y a través del cual no veremos amenazas sino oportunidades de mejorar y crecer como personas.

Elegir la ira como medio para defendernos de lo que nos rodea creyendo así que se manifiestan menos nuestras debilidades es una forma de engañarnos a nosotros mismos ya que la verdadera fortaleza reside en la seguridad de resolver nuestros problemas sin necesidad de utilizar la violencia. Haciendo alusión al libro del Arte de la Guerra de Sun Tzu en el que dice; “el mejor guerrero no es violento” y teniendo en cuenta que trata sobre conflictos bélicos, ¿no podremos nosotros con nuestros conflictos cotidianos ser más pacientes y menos agresivos?

En conclusión, la manera en que nos enfrentemos a la vida es lo que nos caracterizará y si respondemos ante cualquier cosa con violencia de cualquier tipo estaremos haciéndonos un flaco favor ya que nos estaremos perdiendo la posibilidad de disfrutar de las cosas de una forma más tranquila y más confortable. No quiero que malinterpreten mis palabras, ya que como artista marcial sé que hay ocasiones en que la fuerza será requerida para tratar ciertos problemas, pero no por ello debemos dejar que se apodere de nosotros la ira.

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