La imagen y la autoestima

Imagen y autoestima

La imagen es una cuestión de gran importancia, puestos de trabajo y relaciones sociales  son algunos de los marcos donde es más significativo este factor personal.

En primer lugar tenemos nuestros rasgos físicos que son propios de cada uno de nosotros, son con los que nacemos y no podemos cambiarlos a no ser que nos sometamos a cirugía estética.

Por otro lado tenemos el partido que podamos sacar de ellos, es decir, como nos arreglamos la ropa que usemos, la manera de expresarnos, la forma en que nos movamos… En ésta el lenguaje corporal cubrirá un importante porcentaje a la hora de manifestarnos de una u otra forma.

Entre una y otra aparecerá la imagen que tienen los demás de nosotros. Esa será la manera en que los que tenemos alrededor nos vean y puede variar dependiendo de la percepción de cada uno, así que ya no sólo depende de lo que hagamos o de cómo seamos, sino de la manera de interpretarnos que tengan los demás.

Por último está la idea de cómo nos vemos cada uno. Esto  puede condicionar las demás ya que una visión equivocada de nosotros mismos puede acarrear problemas de autoestima, desórdenes psicológicos o incluso problemas de relación.

Hoy en día estamos sometidos a grandes estímulos visuales en los que los prototipos de belleza tanto femenina como masculina hacen que se produzca la necesidad de emular modelos ideales que puede provocar los problemas que antes citaba. La imagen es importante aunque no lo es todo.

Cabe citar lo importante que es para los adolescentes el sentirse parte de un grupo y lo consiguen a través de su aspecto. Es importante en este punto la educación que se recibe para que la influencia del “rebaño” no sea determinante, aunque es muy difícil en estas edades. Unas zapatillas concretas o un abrigo de una marca X pueden generar aceptación o rechazo. Es un momento clave en la vida de una persona para desarrollar una personalidad fuerte, libre de este tipo de prejuicios que en algunos casos crean problemas serios.

No nos engañemos, como seres humanos nos fijamos en aspectos visualmente atractivos. Lo que quiero decir con esto es que alguien que no respete su imagen puede dar lugar a que a su alrededor se cree una idea negativa que no se corresponda con la realidad. No olvidemos que la imagen que se forjan los demás está influenciada por aquella que nosotros queremos mostrar.

Un nutricionista que nos cobre por hacernos una dieta y que sea obeso nos da una imagen contraria a la actividad en la que en teoría nos va a ayudar. Igual de malo es esto como el entrenador de sala que tiene un cuerpo apolíneo pero el cerebro de un mosquito y nulos conocimientos de musculación, lo que trasmite su aspecto físico no se corresponde con lo que nos pretende transmitir.

Todo esto es cara a la galería. La mayoría de problemas de autoestima tienen que ver con el concepto que tenemos de nosotros mismos. Si creemos que somos feos, lo más probable es que nos manifestemos como tal. Si consideramos que no valemos para algo, quizá consigamos no valer. Si nos negamos a ver el potencial que tenemos, lo más probable es que no seamos capaces de desarrollarlo.

Lo que trato de decir con esto es que nuestra autoestima sólo depende de nosotros. La imagen que cada individuo tiene de sí mismo, es algo que sólo uno puede enaltecer o despreciar. Nadie puede hacer que se deteriore nuestro propio concepto si realmente no queremos.

Es más fácil aceptar la realidad y plantarse delante del espejo no siendo un “Brad Pitt” y decir: “pues no estoy tan mal” que pasarnos la vida pensando cómo nos gustaría ser y lo desafortunados que somos por no serlo. La autoestima es algo fundamental a la hora de enfrentarse a cualquier problema en la vida diaria. Como siempre nuestro peor enemigo somos nosotros mismos, así que empecemos aceptándonos tal y como somos.

El ejercicio juega aquí un papel clave, ya que al entrenar mejoraremos nuestra  condición física y por consiguiente mejorará la imagen y nos sentiremos cada vez más satisfechos con nosotros mismos, aunque el objetivo del ejercicio no debe ser sólo estético.

Como siempre digo, el fin del entrenamiento debe ser la mejora de la calidad de vida, la salud y la superación de uno mismo. La mejora de la imagen es una consecuencia o así debería contemplarse, ya que de otra manera podríamos caer en la necesidad de copiar prototipos ideales y esto a la larga puede generar problemas psicológicos relacionados con la autoestima.

Entrenar para ser cada vez mejor en lo que hacemos, para superar metas, para elevar nuestro umbral de tolerancia al esfuerzo, para potenciar nuestra salud, deben ser los objetivos principales.

 Evidentemente tendrá otras consecuencias positivas como sea el realce de nuestra figura o la definición de nuestros músculos. Pero, lo más importante es lo que nos hará por dentro, ya que al potenciar dicha parte interna, de alguna manera se manifestará por fuera y esto hará que la imagen externa se condicione claramente por esta sensación. Nos veremos envueltos en un círculo de bienestar que será evidente para nosotros y para el resto.

En conclusión, la imagen es un factor  importante pero no es fundamental. Debemos sentirnos bien con nosotros mismos, aceptarnos tal y como somos.

No debemos buscar fuera lo que realmente llevamos por dentro. 

Para profundizar un poco más en el tema os recomendamos releer el artículo que Marta Ortega Otero hizo en la sección de psicología: ¿Valoramos nuestro própio cuerpo?

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