Afectación de los electrolitos en tus múisculos

Hidratación y electrolitos

La cantidad de agua presente en el organismo humano varía con la edad, el sexo y el peso corporal. En los niños el componente hídrico se acerca al 70-75 por ciento de su peso corporal total, en los jóvenes adultos y en las mujeres los porcentajes medios son, respectivamente, del 75 y del 55 por ciento. Con el aumento de la edad éste desciende respectivamente casi al 50 y al 45 por ciento en los dos sexos.

El porcentaje de agua contenido en la musculatura esquelética es casi del 77 por ciento, considerando que ésta corresponde al 50 por ciento de la masa corporal de los atletas, casi la mitad del agua somática se encuentra en los músculos.

La cantidad diaria de agua está determinada por la cantidad que se pierde y metaboliza y por la que se intercambia con el exterior, la cual depende de muchos factores como por ejemplo: la temperatura ambiente, el gasto energético, la actividad física que desarrollemos o la alimentación que llevemos.

Generalmente en condiciones normales, la necesidad hídrica de un sujeto adulto se calcula, por término medio, en 1 ml por Kcal de alimento ingerido, además debe tenerse en cuenta que los procesos metabólicos de degradación de las sustancias nutrientes también producen agua. La equivalencia es la siguiente: 100 gramos de lípidos corresponden a casi 100 ml de agua, 100 gramos de proteínas dan lugar a 40 ml de agua y 100 gr de hidratos de carbono equivalen a 60 ml de agua.

En condiciones normales, el organismo trata de mantener, a través de un continuo equilibrio entre aporte y eliminación, una cantidad constante de líquidos en las células y en los espacios intersticiales. Cada veinticuatro horas se sustituyen entre 2 y 2,5 litros de agua, que se ingieren en un 50 por ciento con la bebida y el otro 50 con la componente hídrica de los alimentos y que se excretan con la orina, las heces, la transpiración cutánea y la respiración.

En el equilibrio y el intercambio hídrico en el organismo están implicados también los electrolitos. El cuerpo humano contiene aproximadamente un 4 por ciento de sustancias minerales. Además de la importancia que reviste en todos los procesos metabólicos, las sustancias minerales desarrollan un papel muy importante en el funcionamiento de los sistemas esenciales que regulan la contracción muscular.

Las concentraciones de los distintos electrolitos y las cantidades de agua presentes en los distintos compartimentos tisulares dependen de factores diversos relacionados entre sí. En primer lugar, por mecanismos activos de bomba de las membranas celulares que actúan para que predomine la concentración de sodio y cloruro en el compartimento extracelular y de potasio y fosfatos en el interior de la célula. La depleción hidrosalina puede crear situaciones de desequilibrio que sólo en condiciones normales el organismo termina por equilibrar con la alimentación y la actividad metabólica.

Variaciones de la homeostasis hídrica inducida por la actividad física

La actividad muscular intensa provoca una disminución del pH como consecuencia de la acidosis metabólica y respiratoria, de tal modo que las bases plasmáticas, unidas al bicarbonato, tamponan la acidez producida. Para favorecer la afluencia de sangre a los músculos decrece el flujo hemático renal y se produce, por tanto, una disminución de la diuresis.

Un esfuerzo intenso en nuestra actividad física supone un factor de deshidratación por la pérdida de agua por sudoración, hiperventilación, etc. por lo que será fundamental hidratarnos de forma consecuente con la actividad a la que nos vamos a enfrentar y a las condiciones ambientales a las que nos vamos a ver expuestos.

Función de los electrolitos

El potasio es el principal electrolito intracelular del organismo humano. Su concentración en el interior de las células es, aproximadamente, 40 veces superior que la del líquido extracelular. La ingesta de potasio se produce preferentemente a través de los alimentos.

Este electrolito se encuentra principalmente en el tejido muscular. Este es uno de los iones responsables de la excitabilidad nerviosa y muscular junto con el sodio, el calcio y el magnesio. Cuando las estructuras nerviosas y musculares se activan, se produce una depleción momentánea de potasio de las células. Su entrada sucesiva determinará el retorno al estado de reposo.

Durante un ejercicio de intensidad media se produce un ligero aumento del potasio extracelular debido tanto a su salida de la célula como a la disminución del volumen plasmático. El aumento de la concentración extracelular se acentúa a medida que la actividad del atleta aumenta hasta el agotamiento.

El magnesio después del potasio es el catión que alcanza la concentración intracelular más elevada. La principal fuente de magnesio en la alimentación humana está presente en la clorofila de los vegetales de hoja verde.  Casi el 60% del magnesio se almacena en los huesos en donde forma una reserva disponible rápidamente.  La astenia física y la debilidad muscular en el deportista deben hacernos sospechar de un déficit de magnesio. El cloruro de sodio es importante para el mantenimiento de la presión osmótica entre el compartimiento intra y extracelular. Su disminución puede provocar fatiga precoz y calambres musculares.

El calcio es fundamental para la excitación nerviosa al músculo y por tanto, para la contracción muscular. El fosfato entra en los ciclos orgánicos de producción de energía. Una dieta equilibrada nos ayudará a aportar el correcto nivel que necesitamos en el cuerpo de dicho electrolito.

En conclusión, antes durante y después de realizar un trabajo físico de intensidad media, alta o de una carga normal se requerirá una adecuada hidratación que nos aporte los electrolitos necesarios para que nuestra célula se encuentre en un estado óptimo de trabajo. La falta de hidratación puede suponer una pérdida de rendimiento e incluso puede ser la causa de lesiones que pongan en peligro nuestro rendimiento físico.

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