dopaje y salud

Dopaje sanguíneo: un engaño que te puede salir caro

El dopaje tiene como definición: “el uso de sustancias fisiológicas, así como métodos anormales cuyo objetivo exclusivo es alcanzar un aumento artificial e injusto de nuestro rendimiento durante una competición”.

En este caso voy a hablar de la técnica de dopaje sanguíneo. Ésta comienza al final de la Segunda Guerra Mundial, como intento de evitar los efectos nocivos de la hipoxia inducida por las grandes alturas en los pilotos. En el deporte se introduce como ayuda ergogénica que incremente la capacidad de trabajo. En los Juegos Olímpicos de Montreal en 1976 se contempla por primera vez la posibilidad de que se utilizara este procedimiento como ayuda en pruebas de resistencia. Con ocasión de los Juegos Olímpicos de Los Angeles en 1984, diferentes medallistas en ciclismo reconocen la administración de transfusiones de sangre como ayuda ergogénica en el periodo de entrenamiento previo a la competición.

La Comisión Médica del COI condena, en 1976, la práctica de transfusiones sanguíneas en atletas con buena salud, y la prohíbe explícitamente en 1984 en la recomendación 84 de la Carta Europea contra el Doping de Montecarlo.

Es bueno que antes de plantearse el aumentar nuestro rendimiento de forma artificial seamos también conscientes de los factores de riesgo que contiene dicha práctica. El ámbito en el que el deportista se dopa, no cuenta con las medidas higiénicas que precisa una técnica tan delicada como es la trasfusión. Por ello, se pueden observar los siguientes factores:

  • Reacciones alérgicas leves y graves, más frecuentes con sangre homóloga.

  • Infecciones bacterianas, víricas (hepatitis A, B o C, SIDA), parasitarias (paludismo), etc.

  • Pueden sensibilizar a un sujeto que necesite una trasfusión posterior por causa médica o quirúrgica.

  • Deshidratación (si se administran más de 2 ó 3 unidades de concentrado de hematíes sin diluir)

  • Hiperviscosidad cuando se superan las cifras de un 60% de hematocrito que puede producir trombosis, insuficiencia cardíaca e incluso la muerte.

  • Destrucción de los eritrocitos trasfundidos (no son eficaces ni activos).

La eritropoyetina (EPO) es una proteína que fabrican las células mesangiales del riñón cuya función es estimular la eritropoyesis en la médula ósea. En la década de los 80 la investigación de vanguardia permitió fabricar de forma sintética mediante tecnología recombinante una EPO igual a la humana: la EPO recombinante humana. Su primera aplicación fue el tratamiento de la anemia secundaria a insuficiencia renal. Sin embargo, su mal uso y abuso por parte de los atletas de resistencia constituye una forma de dopaje.

El peligro fundamental que conlleva la administración de esa sustancia estriba en el necesario ajuste que se debe realizar de su dosificación observando la evolución del hematocrito y la tensión arterial de forma individualizada en cada paciente, con objeto de evitar reacciones tóxicas: convulsiones, alteraciones cerebrales, tromboembolismo, etc. Los deportistas de resistencia presentan mayor factor de riesgo al sufrir una pérdida mayor de líquidos durante los entrenamientos y las competiciones.

El peligro de alcanzar niveles perjudiciales de hematocrito es mayor con EPO que con el dopaje sanguíneo, porque con este segundo se limita la cantidad de eritrocitos por el volumen que se debe inyectar, mientras que la EPO, una vez dentro del organismo, es capaz de estimular peligrosamente la formación de eritrocitos, incluso 5-10 días después de administrar la última dosis del producto. Se deja de detectar la EPO una semana después de la administración de la última dosis. Sin embargo, sus efectos persisten durante la vida media de los eritrocitos cuya síntesis estimuló: 3-4 meses, dificultando de esta forma su detección en los controles durante la competición, una detección que por otro lado es muy complicada ya que la EPO-recombinante es idéntica a la EPO natural.

Dicho esto queda claro que el doparse tiene repercusiones en nuestra salud que a la larga pueden perjudicarnos seriamente, ya sea por las medidas de higiene o por la propia técnica de dopaje que altere nuestro organismo y provoque algún comportamiento anómalo que nos dé problemas.

Pero aparte de estos inconvenientes, debemos contemplar el por qué del dopaje. Cuando realizamos competiciones a nivel profesional y esto significa que existe dinero de por medio podemos llegar a entender que se produzca dicha práctica pero no por ello debemos contemplarla como algo normal en el deporte de alto rendimiento porque sigue siendo un problema muy serio y en definitiva una estafa por parte del que se dopa.

Hoy en día el deporte profesional es un espectáculo y como tal requiere de ciertos resultados que en condiciones normales es muy difícil alcanzar de una forma que pueda impresionar al público que lo sigue. Existe una triste realidad en la que muchos de los competidores se dopan, ya que de no hacerlo, nunca podrían igualar a sus rivales o incluso superarles, ya que se encuentran muy por encima del rendimiento normal…

Aún así lo que debería de tratar de conseguirse en el mundo del deporte es trasmitir la honradez y la dignidad como grandes valores y hacer competiciones libres de este tipo de prácticas. Doparse no deja de ser un engaño por parte del que lo practica además de un riesgo para la salud.

Promovamos una práctica deportiva saludable incluso a nivel de competición, que aunque ésta consista en llevar al límite nuestro organismo se vea compensado con una superación personal y una meta. Ganar a los demás puede ser muy satisfactorio pero ganar a los demás por haberse superado primero a uno mismo consiste en algo mucho más profundo que no requiere de dopaje, ya que la recompensa ya no depende de vencer a otros sino de mejorarnos a nosotros mismos.

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