el combate cómo enseñanaza

Combate: ¿Medio o fin?

El combate, sinónimo de conflicto, duelo, oposición o contienda entre otros, se define según la Real Academia Española de la Lengua como: “una pelea entre personas o animales, una acción bélica en que intervienen fuerzas militares de alguna importancia, una lucha o batalla interior del ánimo” y por último cómo “una contradicción o pugna”.

Desde este punto de vista se trata el combate como algo aleatorio que surge por una necesidad de supervivencia, es decir, como un fin en sí mismo.

En este caso, y bajo mi punto de vista, trataré de darle un enfoque menos aleatorio, ya que bien enfocado, el combate puede ser una herramienta, un medio para lograr un posterior fin de autosuperación personal además de ser una forma de prepararnos para una posible situación de hostilidad real.

En primer lugar y para entender la relación que voy a establecer entre el combate y una necesidad, no de supervivencia, sino de autorrealización y superación, haré referencia al psicólogo estadounidense Abraham Maslow, conocido como uno de los fundadores y principales exponentes de la psicología humanista.

Esta corriente psicológica postula la existencia de una tendencia humana básica hacia la salud mental, la que se manifestaría como una serie de procesos de búsqueda, de autosuperación y autorrealización.

El trabajo más conocido de Maslow fue la pirámide de las necesidades básicas. En ella se establece una jerarquía de las necesidades de un individuo y la idea básica es que sólo se atienden necesidades superiores cuando se han satisfecho necesidades inferiores.

La pirámide consta de 5 niveles: El primero, la base de la pirámide, se compone de las necesidades básicas del ser humano, ya sean comer, dormir, respirar, etc.

En segundo lugar nos encontramos la seguridad, que hace referencia a sentirnos seguros y protegidos.  Aquí cobra gran importancia el entrenamiento del combate. Éste  hace que las habilidades de lucha que se entrenan sean puestas a prueba de una forma lógica ya que asemejan el entrenamiento a la posible situación real que podamos encontrarnos. En ningún momento hablamos de combate / competición, simplemente se trata de realizar una técnica aprendida bajo unas circunstancias que se parezcan a la realidad para darla una aplicación y así calibrar cuál es el grado de dominio de esa técnica además de adquirir la seguridad en nosotros mismos a la que hace referencia la pirámide.

En tercer lugar nos encontramos las habilidades sociales. Este escalón hace referencia a la necesidad de formar parte de un grupo, a la relación con las personas y a la aceptación social. A través del entrenamiento del combate y siempre que se haga bajo la supervisión de un Maestro cualificado, se pueden trabajar valores como amistad, respeto, humildad, cortesía, honradez, perseverancia y autocontrol. Es frecuente observar cómo en centros donde se practica el combate como deporte y no como Arte Marcial, se da el caso del individuo que presa de sus miedos, abusa de un adversario de categoría inferior o por el contrario, se da el caso de aquél que por miedo no se atreve a dar un paso al frente para enfrentarse a su oponente.

Pues bien, es aquí donde adquiere un papel fundamental la figura del Maestro. A modo de ejemplo, dos alumnos de una escuela universitaria traían consigo una rencilla pasada y ocurrida fuera del gimnasio. Al practicar el combate en clase y fruto de la emoción que surge en el fragor del mismo, las intenciones de los dos se malversaron e intentaron dañarse mutuamente.

 Es una situación a la que se presta el combate pero que de alguna forma, si se sabe reconducir, puede ser bastante productivo ya que quizá de otra manera nunca habrían manifestado ese sentimiento y habría quedado en un simple “dejarse de hablar”.

Al darse cuenta de esto, el profesor paró la clase, hizo el saludo tradicional e hizo marchar a todos menos a los dos implicados.

Estos en un principio querían resolver el conflicto a través de la violencia, pero al cabo de un rato de sosiego y calma, la razón pareció volver a ellos y con un apretón de manos se concluyó la disputa.

No contento con esto, el profesor les hizo volver a pelear. Fueron 5 minutos de combate en los que se puso de manifiesto un profundo respeto mutuo, gran humildad por parte de ambos y una destacada amistad que resurgió al solucionar el conflicto.

Al finalizar el combate, los dos se dieron un abrazo y le dieron otro al profesor agradeciéndole la oportunidad de resolver ese conflicto de aquella manera tan poco convencional, pero tan contundente a la vez.

En conclusión, el combate como factor social es una gran herramienta siempre que la usen manos docentes y con un objetivo no competitivo sino de Arte Marcial y promoción de los valores antes mencionados.

El cuarto escalafón en la pirámide hace referencia a la autoestima, al YO. La necesidad de autoestima, es la de equilibrio en el ser humano. Desde este punto de vista podemos utilizar el combate como acondicionador físico, ya que sus demandas metabólicas y de rendimiento son exigentes aunque adaptables a toda persona.

El combate es sinónimo de problema o conflicto como hemos visto anteriormente y como cualquier problema precisa de una resolución, lo cual nos lleva a la conclusión de que a través del combate se puede formar al individuo en la resolución de conflictos y así forjar el carácter y crear una autoestima alta.

En este sentido hay que tener cuidado con el ensalzamiento del ego. El ego según  Freud, es una “instancia psíquica que se reconoce como yo, parcialmente consciente, que controla la motilidad y media entre los instintos del ello, los ideales del superyó y la realidad del mundo exterior”. Lo que significa que si no se trabaja adecuadamente, el combate puede llevar a un ego elevado que puede distorsionar la realidad y hacer que se pierdan de vista los valores.

De esta forma el combate debe ser siempre un instrumento de puesta a prueba no tanto de las habilidades marciales ni físicas, sino más bien de nuestro interior, que haga que no peleemos por vencer a los demás, al contrario, que haga que mejoremos cada vez más como persona, una lucha constante contra nuestro peor enemigo que somos nosotros mismos.

El quinto escalón de la pirámide, la cúspide, es la autorrealización. Es la necesidad psicológica más elevada del ser humano, se halla en la cima de las jerarquías, y es a través de su satisfacción que se encuentra una justificación o un sentido válido a la vida mediante el desarrollo potencial de una actividad. Se llega a ésta cuando todos los niveles anteriores han sido alcanzados y completados, o al menos, hasta cierto punto. A través de las Artes Marciales se puede obtener esta realización personal, no sólo a través del combate, si no a través de todo el conjunto de principios y valores que nos definan como la persona que queramos ser, además de despejarnos el camino hacia la virtud por medio de la perseverancia.

En conclusión, el combate no debe ser un fin, al contrario, debe ser siempre un medio de preparación física y mental, una aproximación a la lógica de una situación real y un mecanismo de autosuperación al servicio de las Artes Marciales.

A través del combate se puede fluir y adaptarse a cualquier adversario siempre que se tenga una buena base para ello. El combate es la máxima expresión de ella, si no hay técnica de base no habrá combate, pero existiendo el cimiento podremos elegir qué combate realizar.

Sun Tzu dijo; “maniobrar con un ejército es ventajoso pero maniobrar con una multitud indisciplinada, es peligroso”. Esto, desde mi punto de vista se pude interpretar como que es mejor no entrar en conflicto o resolverlo sin batallar, pero si has de hacerlo, mejor será estar preparado.

Entrena la base y practica el combate.

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