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Alcohol y deporte

El consumo de alcohol se remonta a la antigüedad, desde los primeros pueblos agrícolas que conocieron la fermentación de la uva, la manzana o los cereales. En Grecia y Roma el consumo de vino era habitual. Hoy en día el consumo de alcohol es también algo muy común en la sociedad, pero, ¿somos realmente conscientes de nuestro consumo?, ¿sabemos cómo afecta a nuestro organismo?, ¿qué repercusiones tiene en nuestro rendimiento deportivo?

El alcohol, tras su ingesta es metabolizado por el hígado gracias a una enzima que contiene zinc  ( la alcohol deshidrogenasa o ADH) que lo oxida y lo convierte en un aldehído, el acetaldehído.

El acetaldehído se metaboliza a su vez en ácido acético produciendo energía o ácidos grasos. Lo normal es metabolizar unos 10 ml de alcohol por hora, aunque esto es variable entre personas, ya que influye el tamaño, el sexo, etc.

El alcohol es vasodilatador y actúa sobre el centro regulador de la temperatura, deprimiéndolo. Muchas de las muertes que se dan relacionadas con el consumo de alcohol se deben a hipotermias, traumatismos por caídas e hipoglucemia, incluso 24h después de la ingesta.

El alcohol es una sustancia depresora del sistema nervioso central (SNC) que actúa activando o potenciando el GABA (ácido gammaaminobutírico), el principal neurotransmisor inhibidor, por tanto su principal efecto a nivel del SNC es sedante, aunque tenga un efecto psicológico euforizante inicialmente.

Se habla de alcoholismo cuando existe un síndrome de dependencia hacia el mismo, pero el consumo abusivo de bebidas alcohólicas, sin aparentemente ningún grado de dependencia, es la causa de accidentes de tráfico, accidentes laborales, problemas en la relación con los demás, conductas agresivas, hepatopatías crónicas, pancreatitis, hipertensión, cardiopatía, impotencia, demencia, cáncer de boca, esófago…

Un individuo puede no haber presentado nunca síntomas de dependencia y aún así reunir criterios de abuso de alcohol. Beber sólo los fines de semana conlleva una intoxicación masiva puntual que, aunque pareciendo menos de lo que es por ser una vez o dos a la semana, produce un hábito a la larga que puede generar los trastornos antes citados.

Este es el tipo de conducta más habitual en la población más joven, puesto que es con la fiesta o el ocio con lo que habitualmente se relaciona el consumo de alcohol. Si el consumo es moderado y no es algo que se haga cada fin de semana, no debería ser un gran problema, pero por desgracia, se bebe más de lo que se debería, hablando siempre en términos generales, ya que también hay jóvenes que saben divertirse sin beber.

El abuso de alcohol constituye un enorme problema en la mayoría de los países desarrollados. En EEUU, el alcohol se relaciona con la mitad de los accidentes de tráfico y de los homicidios.

La edad de inicio de consumo de bebidas alcohólicas en España está en los 13 años aproximadamente. Esto hace que pensemos en que en lo que hay que hacer un mayor hincapié es en educar al individuo desde que alcanza la edad crítica de mayor incidencia de consumo.

El tipo de educación del que hablamos no es una que se base en la prohibición o en advertirles constantemente de las consecuencias negativas, que también, sino que debería ser una concienciación social a gran escala de desaprobación mediante campañas de información y persuasión, especialmente entre los más jóvenes. La otra opción es que por parte de los organismos administrativos responsables se promuevan alternativas de ocio que no tengan nada que ver con el alcohol y aquí juega un gran papel la promoción del deporte por parte de los ayuntamientos, padres, formadores, etc.

 ALCOHOL Y RENDIMIENTO DEPORTIVO

El alcohol, como ya hemos visto, afecta al sistema nervioso central pudiendo producir un efecto inicial de euforia y mayor fuerza que se verá truncado por el efecto final que es depresivo, lo cual mermará las capacidades del individuo para actuar ante cualquier situación, debilitando los reflejos, la fuerza, la coordinación y en definitiva el rendimiento. Dicho esto huelga decir que durante la práctica deportiva es evidente que no se debe consumir alcohol.

Su consumo produce deshidratación en el organismo, cuadro que se verá incrementado con la práctica deportiva por la demanda de hidratación que requerirá la misma. Debido a esto se perderán además un gran número de vitaminas y minerales esenciales para el adecuado desempeño deportivo como puedan ser, el potasio, el magnesio, el fósforo y el calcio.

Obstaculiza el metabolismo de otros nutrientes al mismo tiempo que genera un efecto inhibitorio en la oxidación de las grasas, por lo cual, puede ocasionar un incremente de peso indeseado, eminentemente de grasa.

Otro de sus efectos negativos, cara a la práctica deportiva es que aumenta la degradación de las proteínas, lo que significa que afecta a la masa magra de nuestro organismo, es decir, a la musculatura.

El alcohol es una droga de consumo social, no nos engañemos. El exceso de la misma conlleva serios problemas físicos, psicológicos y de relación hablando a nivel individual. Si hablamos de un problema menos individualista podremos ver que también es causa de accidentes de tráfico en los que pueden verse afectadas terceras personas, problemas derivados de la conducta agresiva que conlleva el consumo del mismo, etc.

La voluntad y la responsabilidad son las mejores armas contra el abuso de la bebida. No quiere decirse con esto que beber de vez en cuando sea algo negativo, es más bien una recomendación, puesto que beber con moderación  no debería entrañar ninguno de los  riesgos antes mencionado. El problema reside en el exceso, como ocurre en la mayoría de los casos.

Es deber de todos hacer una reflexión antes de beber y pensar en las consecuencias. De esta forma nos podremos crear la necesidad de ser responsables a la hora de coger el coche, hablar más de la cuenta, desinhibirse en exceso y demás conductas que producto del alcohol pueden hacernos perder cuando menos, la dignidad.

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Comentarios

  1. nacho herranz Responder
    • Guillermo Álvarez Nañez Responder
  2. Miguel Responder

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