alcohol y deporte 2

Alcohol y deporte: bebidas fermentadas

El consumo de bebidas alcohólicas es algo habitual en nuestra sociedad como ya dijimos (en la anterior reseña de “Alcohol y deporte”) y el verdadero problema no es el consumo en sí, sino la frecuencia con que se beba y la intensidad con la que se haga, es decir los días a la semana y la cantidad de mililitros que tomemos. Con respecto a las dudas que se han planteado sobre el alcohol y la diferencia que existe entre las bebidas destiladas y las bebidas fermentadas debo ser reiterativo en que lo importante es la cantidad y la frecuencia. No obstante intentaré mostrar las diferencias entre ambas y seréis vosotros los que sacaréis vuestras propias conclusiones, ya que yo sólo doy mi opinión y podéis no estar de acuerdo con ella.

Las bebidas destiladas son aquellas que por medio de un proceso de separación física, desprenden el alcohol del resto de componentes que hay en todo líquido obtenido por fermentación de algún producto vegetal de origen agrícola, como pueda ser la uva, la caña de azúcar, cereales, frutas, etc. El resultado suele ser obtener una bebida con un volumen de alcohol superior o igual a 40 grados.

La bebida fermentada es aquella que se obtiene a través de la fermentación que se produce al transformarse en alcohol el azúcar de algunas frutas como las citadas anteriormente. También se puede obtener de algunas raíces o granos como es el caso de la cerveza que se obtiene de la cebada. El proceso es simplemente el de la fermentación, en el cual la levadura transforma el azúcar en alcohol. Con este proceso se obtiene un volumen máximo de alcohol de 14 grados habitualmente.

Es un proceso sencillo cuando se trata de fermentar el jugo de las frutas, pero cuando el sustrato es almidón, como es el caso de la cebada, el arroz y el maíz, la levadura no puede fermentarlos directamente y es necesario un proceso químico llamado sacarificación por el cual se transformará en azúcar. Algunas de las bebidas fermentadas más conocidas son la cerveza, el vino, la sidra y el champagne.

Es evidente que entre ambas existen diferencias en cuanto a su volumen de alcohol y a su proceso de elaboración pero lo que cuenta y de lo que hablamos aquí es del propio alcohol y de cómo éste puede afectar al organismo y máxime cuando practicamos un deporte o una actividad física.

Recordemos algunos de los efectos del alcohol sobre el organismo. En un primer momento produce relajación y euforia, lo cual es idóneo para una reunión social o para una fiesta, aunque habría que discutir si realmente se lo pasa uno mejor bebiendo que sin hacerlo. Seguidamente se producirá una alteración en la vista y falta de coordinación. Esto ya empieza a ser incómodo para los que tenemos alrededor a no ser que estén en el mismo estado, pero siempre puede haber alguien al que incomodar estando ebrio. Si el consumo es excesivo puede pasar a producirse deshidratación de órganos vitales ya que la función renal se ve afectada.  La clásica “resaca” se debe a la deshidratación de las meninges, que son la envoltura del cerebro y esto produce dolor de cabeza. Por último si la intoxicación es grave podremos hablar de un estado de coma o incluso la muerte por envenenamiento.

A nivel físico el alcohol produce múltiples efectos que cada vez son más conocidos pero al mismo tiempo menos respetados, ya que la sociedad en general consume alcohol sin ninguna restricción y repito que es general ya que siempre hay excepciones.

Este artículo trata de las diferencias entre bebidas alcohólicas destiladas y fermentadas. Pues bien, queda claro que las hay y son significativas. La cuestión es que no hablamos de cuál es más o menos mala, sino del daño que produce el alcohol en nuestro cuerpo. Desde luego que un vaso de vino contiene menos alcohol y menos sustancias nocivas que un vaso de ron, la cuestión es: cuántos vasos de vino tomamos y con qué frecuencia a la semana. Éste es el verdadero problema.

El alcohol es una droga, para qué engañarnos. Vino, cerveza, etc. Son bebidas que socialmente están aceptadas por completo, incluso las bebidas destiladas. Pero si pensamos en la repercusión que éstas tendrán en nuestra actividad física o deportiva deberemos ser realistas. Ser sincero con uno mismo a la hora de cuantificar la cantidad de alcohol que tomamos a la semana es lo que podrá hacer que tengamos una idea de en qué punto estamos, de cómo estamos dañando nuestro hígado y nuestro organismo en general cara al futuro.

Es una cuestión de sinceridad y de sentido común. Si por beber bebidas fermentadas pensamos que estamos a salvo de sufrir las consecuencias del alcohol, estamos cometiendo un error, ya que contienen menos graduación de alcohol pero alcohol tienen, así que si bebemos cada día nuestro vino, nuestra cerveza, etc. Tendremos que saber que a lo largo de la semana estaremos incrementando la carga hepática. Si sólo bebemos los fines de semana pero intoxicamos el organismo a base de bebidas de alta graduación estaremos incurriendo en el mismo error sólo que de manera más concentrada.

El estrés hepático del que hablo puede producir un hígado graso, que a lo largo de los años puede desembocar en cirrosis, por no hablar de los demás problemas derivados del consumo de alcohol, como un accidente de tráfico sin ir más lejos.

Bajo mi punto de vista debe imperar el sentido común y como ya sabemos, éste no es el más común de los sentidos, así que lo que hay que tratar de hacer es informarse bien y ser conscientes de las consecuencias del consumo de bebidas alcohólicas antes de perderles el respeto por completo.

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