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¿Valoramos nuestro propio cuerpo?

Mi nombre es Marta Ortega Otero, soy Psicóloga, col. M-25476. Desempeño mi labor como clínica y a menudo recibo consultas sobre la insatisfacción con el propio cuerpo.

El concepto de imagen corporal no tiene, en la actualidad, una definición consensuada por la comunidad científica (Baile, 2003). Paul Schilder, en el año 1935, propuso la primera definición sin incurrir exclusivamente a aspectos neurológicos: “la imagen del cuerpo es la figura de nuestro propio cuerpo que formamos en nuestra mente, es decir, la forma en la cual nuestro cuerpo se nos representa a nosotros mismos” (Schilder, 1950, citado por Baile, 2003).

Fisher (1986) definió la imagen corporal en términos de sentimientos y actitudes hacia el propio cuerpo. Por su parte, Rosen (1995, citado por Raich, 2004) se refería a ella como la manera en que los individuos perciben, imaginan, sienten y actúan respecto a su propio cuerpo.

Autores como Slade (1994, citado por Baile, 2003) sitúan el foco de atención en una representación mental que se ve afectada por factores individuales y sociales: “la imagen corporal es una representación mental amplia de la figura corporal, su forma y tamaño, la cual está influenciada por factores históricos, culturales, sociales, individuales y biológicos que varían con el tiempo” (Baile, 2003).

Una de las definiciones más completas fue la propuesta por Raich (2000) quien definió la imagen corporal como: “un constructo complejo que incluye tanto la percepción que tenemos de todo el cuerpo y de cada una de sus partes, como del movimiento y límites de éste, la experiencia subjetiva de actitudes, pensamientos, sentimientos y valoraciones que hacemos y sentimos y el modo de comportarnos derivado de las cogniciones y los sentimientos que experimentamos”.

Desde los años 90 se considera que dicho constructo incluye aspectos perceptivos, emocionales, cognitivos y conductuales (Thompson, 1990).

Cuando, en ocasiones, se identifica una alteración de la imagen corporal se considera que alguna de las dimensiones que la definen está alterada: alteración perceptiva, emotiva, cognitiva o conductual (de la Serna, 2004).

Garner (1997) estudió la satisfacción corporal de los estadounidenses en tres años (1972, 1985 y 1997) y concluyó una evolución cada vez mayor en la insatisfacción con el cuerpo.

¿Por qué encontramos estos datos?, ¿por qué solemos sentirnos insatisfechos e insatisfechas con nuestro cuerpo? Este descontento se relaciona con el interés cada vez mayor de la sociedad por la imagen corporal y por el culto al cuerpo (Vaquero-Cristóbal, Alacid, Muyor y López-Miñarro, 2013). Parece ser que la mayor responsabilidad está en los medios de comunicación y en los mensajes que recibimos (a través de modelos, actores y actrices, anuncios publicitarios, etc.).

Por otra parte, es de resaltar que en investigaciones sobre la imagen corporal se evidencia que no es igual en hombres que en mujeres; se observa una insatisfacción con el peso en ellas y con su tamaño muscular y grasa corporal en ellos (Acosta y Gómez, 2003; Nayeli, Díaz y Gómez, 2006, citados por Vaquero-Cristóbal et al, 2013; Thompson y Tantleff, 1992; Pope, Gruber, Mangweth, Benjamin, deCol, Jouvent y Hudson, 2000, citados por Baile, 2006).

En estudios recientes se ha relacionado la imagen corporal, no sólo con el sexo, si no también con la práctica de deporte (Byrne y Malean, 2002; Camacho, Fernández y Rodríguez, 2006; Sundgot-Borgen y Torsveit, 2004; Toro, 2004, citados por Fernández, Contreras, García y González, 2010).

Al respecto, se constatan dos enfoques opuestos. Por una parte, existen estudios que verifican que la participación en ejercicio físico se relaciona con una satisfacción con la imagen corporal (Camacho, 2005). Así, se evidencia que las personas más activas tienen una actitud más positiva hacia su propio cuerpo que aquellas personas más sedentarias (Tornero y Sierras, 2008, citados por Vaquero-Cristóbal et al, 2013).

Por otra parte, se hallan estudios que indican un efecto potencialmente negativo sobre la imagen corporal según la relación entre la práctica y el rendimiento deportivo.

Además, se ha relacionado también la imagen corporal con la práctica de actividades deportivas concretas. Fernández et al (2010), en un estudio con 894 adolescentes españoles, encontraron un autoconcepto físico significativamente menor en prácticas donde el factor estético es importante o en aquellas actividades deportivas que se practican con el objetivo de mejorar la apariencia física (musculación, footing, ejercicios aeróbicos, paseo etc.).

Por otro lado, entre las deportistas con mejor imagen corporal destacaron las que practicaban deportes colectivos y de alta exigencia física, como el atletismo, el triatlón, el fútbol o el baloncesto. En concordancia con lo anterior, en otros estudios (Camacho, Fernández y Rodríguez, 2006) se ha encontrado que las chicas que realizan actividades fitness poseen una peor imagen corporal mientras que aquellas que practican deportes organizados presentan una mayor satisfacción con su imagen corporal.

Conociendo estos hallazgos, merece la pena preguntarnos por nuestros objetivos cuando practicamos deporte, ¿lo hacemos por salud o por alcanzar un logro estético?

Bibliografía:

Arbinaga, F. (2008). Consumo de esteroides androgénicos anabolizantes en el fisioculturismo: relaciones con variables del entrenamiento y la imagen corporal. Revista iberoamericana de Psicología del ejercicio y el deporte, 3 (1), 47-60.

Baile, J. I. (2003). ¿Qué es la imagen corporal? Cuadernos del Marqués de San Adrián: revista de humanidades, 2, 53-72.

Baile  J. I. (2006). Evaluación de alteraciones de la imagen corporal en hombres. Cuadernos del Marqués de San Adrián: revista de humanidades, 4, 5-58.

Camacho, M. J. (2005). Imagen corporal y práctica de actividad física en la adolescencia. Universidad Complutense de Madrid, España: Tesis doctoral.

Camacho, M. J., Fernández, E. y  Rodríguez, M. I. (2006). Imagen corporal y práctica de actividad física en las chicas adolescentes: incidencia de la modalidad deportiva. Revista Internacional de ciencias del deporte, 2 (3), 1-19.

De la Serna, I. Introducción: alteraciones de la imagen corporal. Monografías de Psiquiatría, 16(2), 1-2.

Fernández, J. G., Contreras, O. R., García, L. M. y González, S. (2010). Autoconcepto físico según la actividad fisicodeportiva realizada y la motivación hacia ésta. Revista Latinoamericana de Psicología, 42 (2), 251-263.

Fisher, E. (1986). Development and structure of the body image. Hillsdale, NJ: Lawrance Erlbaum.

Garner, D. M (1997). Body image Surrey results. Psychology Today, 30, 30-45.

Raich, R. (2000). Imagen corporal. Conocer y valorar el propio cuerpo. Madrid: Ediciones Pirámide.

Thompson, J. K. (1990). Body image disturbance: assesment and treatment. Nueva York: Pergamon Press.

Vaquero-Cristóbal, R., Alacid, F.,  Muyor, J. M. y López-Miñarro, P. A. (2013). Imagen corporal; revisión bibliográfica. Nutrición Hospitalaria, 28(1), 27-35.

Marta Ortega Otero, Psicóloga, col. M-25476

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