Deporte y psicología

Salud mental y deporte

Como ya hemos visto en anteriores artículos como “Afrontamiento del estrés en el deporte” de nuestra compañera Marta Ortega Otero o en el titulado “Imagen y Autoestima” escrito por mí mismo, tenemos muy presente la importancia de la estabilidad mental a la hora de enfrentarnos no sólo al ejercicio sino a la propia vida, que en definitiva, es lo que realmente importa.

La salud mental no es sólo la ausencia de trastornos mentales. El bienestar psicológico se ve influenciado por la sociedad, por aspectos genéticos y por factores individuales. La familia, el entorno o el trabajo afectan de forma directa sobre nuestra mente pudiendo modificar nuestra actitud o nuestros valores existenciales.

Independientemente de las enfermedades con base genética que afectan a gran parte de la población como es la esquizofrenia o el trastorno bipolar, existe un elevado número de casos de depresión y ansiedad influenciadas por el medio ambiente en el que nos desenvolvemos.

En cierto modo la forma de salud mental idílica se expresaría como bienestar. Éste estado ideal se consigue mediante la suma de equilibrios entre la ausencia de patología psíquica, la realización personal y laboral adecuada a las capacidades y expectativas, y la presencia de un entorno afectivo adecuado.

Por esta razón una pérdida afectiva o el estrés laboral pueden ocasionar un desbarajuste emocional y personal que afecten gravemente a nuestro estado psicológico.

Trastornos de ansiedad

Aunque de ligero predomino en el sexo femenino, los distintos trastornos de ansiedad son las enfermedades mentales prevalentes. Se suelen asociar a depresión y en ocasiones son difíciles de distinguir.

La crisis de angustia aparece repentinamente y tiene gran repercusión física (palpitaciones, sudoración, dolor en el pecho, falta de aire). Con frecuencia se confunden con patología orgánica.

El trastorno de ansiedad generalizada hace que el paciente tenga un estado de alerta o temor innecesario y de modo casi permanente, que dificulta su concentración y merma su capacidad funcional y perjudica sus relaciones sociales.

Las fobias son temores a situaciones concretas, como subir a un avión o estar en un local cerrado.

El trastorno de estrés puede ser muy incapacitante y suele aparecer después de una situación grave que afectó a la vida propia o de alguien cercano. Puede ser resistente al tratamiento.

El trastorno obsesivo compulsivo puede aparecer en personas que ya tenían una personalidad obsesiva. Lo más llamativo es la ritualización de la conducta, con innumerables tics o actos que si se repiten de un modo peculiar, producen cierta sensación de alivio o escape, para poder funcionar con normalidad.

La ansiedad y todos sus cuadros adyacentes ocasionan grandes pérdidas de horas laborales, intenso sufrimiento a quien la padece y a su entorno, consumo a veces abusivo de ansiolíticos o incluso combinación de drogas y alcohol que sólo empeoran la situación.

Como trastornos en nuestro estado de ánimo encontramos la depresión y el trastorno bipolar

Depresión

La depresión es un gran problema actual en cuanto a salud pública se refiere porque además de afectar a personas jóvenes y en edad laboral, y ocasionar un gran sufrimiento a quien la padece y a su entorno, tiene una mortalidad directa por suicidio. En EE.UU  se estima que afecte a lo largo de la vida en torno al 16% de las personas. El suicidio, en su mayor parte, sobreviene en pacientes deprimidos.

El abordaje médico de la depresión no complicada debe comenzar en atención primaria, donde se debe sospechar incluso aunque el paciente no describa problema psicológico alguno, sino ante signos de alarma como pérdida de apetito o de peso inexplicables.

Trastorno bipolar

En ocasiones la depresión se alterna con episodios de manía, esto es, alteración del ánimo por exceso, bien en forma de euforia o de agresividad. Son frecuentes los gastos incontrolados, los actos impulsivos y temerarios y la conducta sexual inapropiada o desinhibida.

Por último hablaremos de los trastornos de la personalidad

No constituye una enfermedad en sí pero predispone a ella. Se trata de modos de ser, actitudes, comportamientos, visiones de la vida y valores alterados respecto de lo considerado normal estadísticamente. Generalmente se trata de personas con problemas de adaptación social, laboral y presentan pobreza de relaciones personales. En ocasiones son francamente problemáticos, cayendo en la delincuencia como el tipo antisocial.

Un trastorno de la personalidad no exime de la responsabilidad penal en caso de delito, puesto que no reduce la capacidad de juicio ni de discernir el bien del mal.

Nuestro estado mental es un bien muy preciado que debemos mantener y respetar a lo largo de nuestra vida. La sociedad y el entorno es evidente que influyen de forma directa en nosotros, pero no de la misma manera en cada persona, ya que cada uno tiene su propia percepción de la realidad.

Las circunstancias que nos rodean podrán afectarnos de una u otra forma según nosotros queramos que nos afecten. El equilibrio mental no se encuentra en lo que los demás piensen de nosotros o en lo que se espere que hagamos con nuestra vida. Debemos ser conscientes de que sólo actuando según lo que nos dicte nuestra conciencia, respetando la libertad de los demás podremos alcanzar un estado de tranquilidad mental, ya que manteniendo limpia nuestra conciencia podremos tener una mente tranquila.

Hoy en día son muchos los estímulos que pueden llevarnos a caer en la tendencia de buscar fuera de nosotros lo que sólo en nosotros podremos encontrar. No existe una fórmula mágica ni una pastilla que pueda darnos la tranquilidad mental que deseamos, pero realmente si existe un camino para encontrarla y es simplemente valorar lo que tenemos, no desear más allá de lo que podamos alcanzar, contribuir a que nuestro entorno sea agradable y hacer aquello que nos motive hacer.

Cuando el trabajo no nos gusta o perdemos la motivación por las cosas que estamos haciendo, no tiremos la toalla. No todo en la vida es motivante, pero quizá sea un buen momento para crearnos una necesidad, la de salir adelante, de seguir, de luchar y puede que de ese modo vuelva la motivación, pero de todas las maneras sabremos que estamos haciendo lo que debemos.

Nuestra mente debe ser como un recipiente lleno de agua cuyo equilibrio depende de la capacidad que tengamos de sujetarlo. Nos empujarán, nos caeremos, perderemos el camino, pero sólo dependerá de nosotros que no se derrame una gota y que el agua permanezca siempre en equilibrio.

Recuerda que si crees necesitar ayuda, siempre debes acudir a un profesional de la piscología titulado y colegiado.

Espero que os sea de utilidad y ya sabéis que también podéis seguirnos desde Facebook y Twitter.

 

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