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No a las dietas. Si al estilo de vida saludable

Una dieta tal y como se entiende hoy en día, es una forma de restringir los alimentos y tomar sólo aquellos que nos convienen para, por norma general, perder peso. Pues bien este método, desde mi punto de vista, no deja de ser una forma de reprimirse en cierto sentido a la hora de alimentarse con un fin que puede no ser el más recomendable, ya que la finalidad de la nutrición sana es la salud y como consecuencia el situarnos en un peso corporal saludable y tendiente a ser bajo. Por otro lado cuando el objetivo es meramente estético, podemos caer en problemas no sólo físicos sino también psicológicos como son los trastornos de la alimentación.

No quiero decir con esto que podamos hacer lo que nos dé la gana y dar rienda suelta al impulso de comer cualquier cosa en la cantidad que nos plazca, ya que como dije en artículos anteriores (“Riesgo voluntario para la salud: el sedentarismo” y “¡Peligro sobrepeso!”, tenemos una reminiscencia de nuestros antepasados prehistóricos que nos hace comer hasta más allá de la saciedad y si la calidad de los alimentos es pobre, tendremos los ingredientes necesarios para tener sobrepeso y una salud pobre que pueda perjudicarnos a corto, medio y largo plazo.

Esto que puede parecer una contradicción es la esencia de la alimentación sana. Sólo dos cosas vamos a tener en cuenta a la hora de plantearnos hacer una dieta: la cantidad y la calidad. Las dos pueden parecer muy simples y hasta cierto punto, insuficientes pero si las combinamos harán que todo funcione correctamente. Para poder jugar con las dos será necesario que nos informemos de qué alimentos son los más adecuados, de cómo cocinarlos de forma sana, etc. Muchas veces el error reside en la manera de cocinar. El excesivo uso de aceite en la sartén, los aliños desmesurados, las salsas o la propia calidad de los alimentos son los principales problemas que tiene la mayoría de la gente a la hora de perder calidad en su nutrición.

Cuando hablamos de cantidad entramos en un marco principalmente psicológico en el que debemos aprender a alimentarnos para saciarnos independientemente de disfrutar de la alimentación o no. La capacidad de comer hasta saciarse y no hasta no poder más es una cualidad que se debe entrenar desde el momento en que nos sentamos a la mesa. Empezando por respirar tranquilamente y comer de manera pausada, masticando bien los alimentos y terminando por dejar de comer cuando estemos saciados y no llenos. Una vez que alcanzamos dicha sensación de saciedad es cuando la mayoría de nosotros seguimos comiendo hasta que tenemos que desabrocharnos el botón del pantalón y es aquí donde aparte del consecuente aumento de peso ponemos en riesgo la salud ya que estresamos al organismo sobremanera y esta sobrecarga en personas mayores y no tan mayores, puede suponer un riesgo de infarto de miocardio y demás afecciones derivadas de la mala alimentación y de los excesos.

En última instancia y como motor de salud y bienestar volvemos a hacer referencia a la única fuente de energía para llevar a cabo todo esto: La voluntad. Todo esto se puede hacer únicamente decidiendo hacerlo. Dejémonos de dietas milagrosas, de pensar en atajar de alguna manera sin esforzarse y pensemos que querer es poder. Esta es la única solución para poder conseguir un hábito de vida saludable. Al principio cuesta y costará más cuanto más mayores seamos y más tiempo llevemos con malos hábitos de vida.

Existe un método de acelerar este proceso de normalizar el peso sin utilizar medicamentos, pócimas, métodos infalibles o máquinas vibratorias que en teoría nos pondrán el cuerpo como a los modelos que las utilizan en televisión. Este método es eficaz, es barato y lo mejor es que podemos encontrarlo en nuestra propia casa, el ejercicio físico.

Repasemos las claves para poder dejar atrás las dietas y comenzar una vida de libertad y de bienestar: cantidad y calidad en la alimentación mas una buena costumbre de ejercicio físico. No está demás consultar con especialistas de cada sector como nutricionistas, endocrinos, profesionales de la actividad física y demás, para obtener la información necesaria para poder volar por libre sin necesidad de engancharnos a dietas que tarde o temprano vamos a abandonar para volver a lo de siempre haciendo que el cuerpo sufra un rebote que pueda hacer cuando menos, que recuperemos más peso del que hemos perdido sin contar con el estrés al que someteremos al organismo.

No nos engañemos, el estilo de vida saludable es algo que por lo general es difícil de conseguir, pero háganme caso, sólo es al principio, ya que a medida que vayamos cogiendo costumbre iremos encontrando el equilibrio necesario para poder llevar una vida sana en la que podamos darnos caprichos de vez en cuando o podamos salir a cenar o a comer fuera de casa sin tener la mala conciencia de que estamos haciendo algo que no debemos hacer.

Las dietas esclavizan y no hay nada peor que imponernos a nosotros mismos las cadenas. Informémonos adecuadamente de cómo debemos hacer las cosas para poder ser autosuficientes y dejémonos de engañar. No nos pongamos excusas de trabajo, tiempo para prepararnos la comida, etc. Porque todos podemos adquirir hábitos saludables ya que es una cuestión de querer. La mejor manera de ir creando una cuenta de ahorros de salud para nuestra vida futura es empezar hoy mismo por dar el paso de comer mejor e informarnos de cómo hacerlo. Vivimos en la sociedad de la información así que no vale el vivir en la cómoda ignorancia, a no ser que realmente no queramos mejorar nuestra calidad de vida.

El alimentarse bien tiene una relación directa con el estado de ánimo y el rendimiento tanto físico como psicológico y de ahí la frase del latín “anima sana in corpore sano”. Para esto vamos a tener que esforzarnos y realizar sacrificios hasta que al final se convierta en una forma de vida y no en una imposición externa.

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