Aminoácidos

¿Merecen la pena los suplementos de aminoácidos?

En la actualidad existe una importante presión social hacía los hábitos de vida saludable que, indudablemente, van encaminados a alcanzar una mejoría en la autoestima y la calidad de vida de las personas. Las motivaciones hacia el fitness, por distintas que nos puedan parecer, están enfocadas en la obtención de unos resultados deseados traducidos en metas de acondicionamiento físico.

Sin embargo, algunas personas en su afán de obtener estos resultados en un corto tiempo no consideran (por desconocimiento o por descuido) factores vitales a la hora de lograr ese fortalecimiento corporal deseado. Estos factores ligados al funcionamiento de nuestro organismo y a sus demandas de energía son el eje fundamental que debemos tener en cuenta.

Es muy habitual que las personas cuando comienzan a entrenar quieran aumentar rápidamente su masa muscular y su fuerza, y muchos suelen pensar que simplemente a través de “un cóctel químico” esto puede lograrse. Los aminoácidos suelen ser de los productos más comunes que se venden cómo ayuda suplementaria, para las personas que quieren alcanzar metas de acondicionamiento. Pero, ¿Qué son los aminoácidos?

Los aminoácidos son las moléculas constituyentes de las proteínas o lo que es lo mismo, sus bloques de construcción. Se componen químicamente de un grupo amino (rico en nitrógeno), un grupo acido orgánico (rico en carbono y oxígeno) y un grupo variable que puede ser desde un simple hidrogeno como en el aminoácido Glicina  hasta  una cadena ramificada de carbonos como en la Isoleucina (de hecho, algunos productos ofrecen un importante suplemento en aminoácidos de cadena ramificada).

El grupo variable es el responsable de la identidad de los 20 tipos de aminoácidos que existen y que en distintas combinaciones y número conforman todas las proteínas de nuestro cuerpo desde el pelo, las uñas, nuestras enzimas y obviamente el músculo.

En general, obtenemos la mayoría de nuestros aminoácidos de los alimentos ricos en proteínas como lo son las carnes y las legumbres. Es decir, el consumo de proteína esta implicando el consumo de aminoácidos. Lo que sucede es que en el sistema digestivo existen enzimas proteolíticas (fraccionadoras de proteínas) que transforman las proteínas en aminoácidos para que estos sean asimilados.

El consumo de aminoácidos sintéticos en píldoras, batidos o barritas (que químicamente no deben tener ninguna diferencia con los que proceden de los alimentos en lo absoluto) sólo estaría ahorrando un trabajo enzimático y por ende una asimilación más rápida. Asimismo, algunos aminoácidos pueden ser producidos por el propio organismo a través de rutas sintéticas (no esenciales), pero otros deben ser aportados desde el exterior (esenciales).

En consecuencia con lo anterior, el hecho de que al organismo se le otorgue una cantidad “extra” de aminoácidos no implica que ellos se vayan a dirigir al crecimiento del tejido muscular. Como os mencioné antes, todo el andamiaje del cuerpo es proteína. De qué depende entonces qué la proteína (o aminoácidos) que consumamos (sea de la comida o de píldoras) se dirija al fortalecimiento muscular?

En primera instancia, es importante comprender que el funcionamiento de nuestro organismo no es tan simple como la maquinaria de un coche, no funciona de manera causal o mecánica, hay una complejidad biológica en sus interacciones celulares y tisulares.  Existe todo un entramado de relaciones bioquímicas en y entre las células que llamamos en biología: metabolismo. Cada individuo tiene una genética particular en donde está codificado el ritmo de éste metabolismo o lo que es lo mismo: las tasas en las cuales se procesan las diferentes moléculas dentro de las células.

Estas tasas pueden modificarse por presiones ambientales como el ejercicio físico, el cual crea unas condiciones a las que las células en este caso musculares deben responder, pero no debemos olvidar que siempre hay un control genético detrás.

El ejercicio debe generar el estrés fisiológico suficiente para que las células musculares a través de una respuesta adaptativa aumenten su demanda de aminoácidos para hacerse más fuertes. Es decir, sino generamos un estrés traducido en que se rasguen las fibras de miocina y actina (proteínas del musculo) y deban construirse más y nuevas (lo cuál requiere aminoácidos). De acuerdo con esto, el organismo simplemente desechará o transformará en otras moléculas la cantidad excesiva de aminoácidos que no estén participando en procesos metabólicos y se destinarán sus componentes a otras funciones y otros (como el nitrógeno)  serán desechados en forma de orina.

Es por esta razón que, más que preocuparnos inicialmente por tomar un suplemento de proteína (o aminoácidos), debemos mejorar su fuente natural a través de los alimentos con una dieta balanceada y generar con disciplina y una buena planificación temporal una rutina de ejercicio que logre propiciar una dinámica metabólica adecuada para que posteriormente al aumentar las demandas de aminoácidos, se pueda realizar el complemento con una ayuda ergogénica de una manera controlada.

Para concluir, siempre debemos recordar que lo que somos es la suma de nuestra genética (que controla nuestro metabolismo) y del ambiente (ejercicio, alimentación y condiciones externas en general). Ya sabemos que podemos modificar y que no.

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