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Volver al principio

Y un día descubres que es mucho más que un ejercicio…

Podríamos empezar por el final, contaros cómo esta mañana no me he preocupado por qué tiempo haría fuera, por qué color de vestido me pondría para salir o siquiera por qué marrón me caería esta vez en la oficina…

No es qué os cuente, ni siquiera cómo, al fin y al cabo cada uno espero que tenga su estilo, su forma de leer e interpretar nuestras palabras, lo que importa es POR QUÉ os lo contamos.

Me presento: soy Inés Calavia, adicta a los pedales, al fitness y a sonreír. Estáis leyendo el comienzo de la sección de deporte femenino de Uworkfit.

Desde Uworkfit nos gustaría transmitiros nuestra pasión por el deporte de forma dinámica y accesible a todos. A vosotros que no habéis hecho nunca deporte, a los que os estáis iniciando, a mis compañeros los adictos, a los que dudan si retomarlo… a ti.

Y qué mejor forma que desde la experiencia. Me gustaría contaros mi historia, un breve pero intenso romance que acabó como los cuentos de hadas de cuando éramos chicos. No lo alargarlo más:

Me tiré 18 años sin hacer NADA de deporte. Y cuando digo nada, es nada. Y diréis, ¿y de la famosa “Educación Física que todos cursamos en el colegio? Yo me dediqué a la teoría: aprendí reglas de juego, técnicas, observé, animé a mis compañeros pero lo que era participar… se me ocurrían mil excusas para no pisar la pista. Decían que yo iba para creativa.

Después, por causas A, razones B y objetivos C me marché a otro país. Cambié radicalmente de enfoque y al volver, allá por septiembre de 2009 me encontré en plena línea de salida, con toda la pista por delante, preguntándome: ¿Y POR QUÉ NO?

Sin poder pensar en motivos que me impidiera adentrarme en tan maravilloso mundo, probé  suerte en un pequeño gimnasio del centro de la capital. Un coordinador de sala de fitness muy simpático me enseñó las instalaciones. Me sentí entre hierros literalmente. La línea de salida ahora no parecía tan delgada.

Me encantan los retos, y éste se presentó como el más grande de la temporada. Previa visita a la tienda de deportes, palmadita de logro en el hombro por parte de mi madre y dos oraciones, ahí estaba yo, cara a cara con cintas de correr, bicicletas, pesas y objetos extraños que se parecían más a artículos de tortura que a máquinas para ejercitar tu cuerpo.

Un gimnasio, como cualquier sala o espacio donde se reúna gente, es un centro social. Y como éste no lo es menos, comencé a conocer a personas de todo tipo. Sabía que de ahí saldrían bonitas amistades, puros compañeros del hierro, gente simpática con la que intercambiaría algún aperitivo algún día y personas que hubiera preferido no conocer.

Poco a poco, con energía, esfuerzo y muchas ganas, no sólo mi cuerpo comenzaba a cambiar. Empecé a sentir la verdadera esencia de todo esto, lo que os quiero transmitir a toda consta: la PASIÓN por el deporte que creía minuto a minuto en mi.

¿En mi? En mi y el aura que se había creado a mi alrededor. Un halo especial; una luz mágica que llenaba, y llena, de positivismo un mundo que lo necesita. Para cambiar el mundo no hacen falta solamente grandes inventos, sin ACTITUD, no vamos a llegar a buen puerto.

Ya estaba en marcha, había cogido un ritmo constante y no tengo aún intención de parar. El objetivo no es la meta, sino el camino. Y vaya camino.

Después de esta perorata y con esta sonrisa tan pletórica que no cabe en mi cara, os animo e invito a que redescubráis ese sentimiento, lo encontréis si no lo habéis hecho ya o superéis la línea de salida… esto no ha hecho más que empezar y ya se asoman resultados, ¿a qué esperas?

 

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